Carcassona es una ciudad fortificada de Francia, capital del departamento del Aude, en la región de Occitania. La muralla, que rodea toda la Cité, se ve ya desde la carretera. A medida que te acercas te vas dando cuenta de las verdaderas dimensiones que tiene. Sencillamente es espectacular. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1997.
Sus orígenes datan del 800 a.C. con un asentamiento galo. La ciudadela fortificada actual comenzó a tomar forma con los romanos en el siglo III d.C., y se fue consolidando durante la Edad Media (siglos XI-XII), siendo restaurada en el siglo XIX.
En tiempos medievales las ciudades tenían un elemento fundamental para su seguridad: las murallas, que permitían constituirse en una verdadera fortaleza. Carcassona tiene una doble muralla concéntrica de unos 3 km. de longitud, y más de 50 torres. La altura de las murallas es de unos 10 metros, y su grosor de entre 2 y 4 metros. Toda una fortaleza, situada en una colina. Dentro de ella, sus habitantes podían estar seguros frente a los posibles ataques de otros pueblos.

He tenido oportunidad de visitar la ciudad en diversas ocasiones, y he tomado muchas fotografías a la fortaleza –a la muralla, a las torres, al foso, a las puertas– en horas diferentes y desde ángulos distintos. Esta foto la realicé en la hora dorada, al atardecer, cuando los rayos del sol van disminuyendo su intensidad y dejan esta armonía de colores. Fue con la D7200 de Nikon, utilizando un 38.0mm y una apertura ƒ/7.1 que es lo que le da este punto de nitidez adecuado para no perder detalle, y un ISO 250 y 1/60 de velocidad. Concedo que se podría haber aumentado la velocidad subiendo un poco el ISO.
Cuando se hace referencia a una fortaleza, se nos vienen a la mente estos castillos y ciudades amuralladas. Pero también, cuando hablamos de fortaleza, puede ser para referirnos al valor, la capacidad o la virtud de una persona para poder confrontar, superar o mantenerse firme en las adversidades.
En la Edad Media ponían su confianza en la fortaleza, hoy ponemos nuestra fortaleza en nuestra confianza. El “tú puedes”, “solo tienes que pensar que lo lograrás” y otras máximas por el estilo, nos pueden llevar a la frustración y a la desesperanza pensando que todo está en nuestras manos.
Me viene a la mente el rey David, que fue conocido por pelear contra Goliat y vencerlo. Y, como rey, por combatir en mil y una batallas. Pues bien, en ningún momento se lo atribuyó a su capacidad, su estrategia o su valentía, no. Se lo atribuía a Dios. En Dios era donde se refugiaba, buscaba consejo y descansaba.
Ahora es un buen momento para pensar en qué tenemos nuestra fortaleza y sobre quién depositamos nuestra confianza. Te dejo con un salmo del rey David en el que confiesa esa verdad.
“El Señor es mi fortaleza y mi escudo; en él confió mi corazón y fui ayudado, por lo que se gozó mi corazón. Con mi cántico le alabaré.” (Salmo 28:7)

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