De nuevo nos encontramos en Santolea, pero esta vez dejamos el pueblo y nos acercamos al embalse. Andamos por el dique hasta la mitad de su recorrido y, desde ahí, observamos toda la extensión del pantano.

Inicialmente fue construido para refrigerar la central termoeléctrica de Andorra, localidad cercana, nada que ver con el país vecino. Con una capacidad de 81,75 hm3, también regula el incremento del río Guadalope para el riego y abastecimiento de los campos.

El nivel del agua es bastante bajo debido a la falta de precipitaciones, y esto nos permite ver lo que se encontraba antes de su construcción, como carreteras, pequeñas viviendas, árboles. Ver una de esas carreteras me llama la atención.

No tardé ni un minuto en pensar que esa imagen debía de acabar en fotografía. Eran las cuatro de la tarde a finales de julio, y el sol pegaba fuerte. En el mundo de la fotografía a este escenario se le denomina luz dura, y tiene una característica a tener en cuenta: la transición entre lo iluminado y las sombras es muy brusca y con mucho contraste, y desaparecen los tonos intermedios.

Pensando en eso ajusté la cámara a una sensibilidad ISO 100, para no quemar la foto, con apertura f/8.0, utilizando una distancia focal de 90.0 mm y 1/125 de velocidad. Quemar la foto es cuando hay una sobreexposición de luz, creando una imagen con exceso de claridad y descolorida.

Es una foto bastante sencilla pero, para mí, la fuerza de esta imagen no es tanto su composición o su colorido, sino el mensaje que comunica: una carretera que no lleva a ningún sitio. La figura del camino se suele utilizar como una metáfora sobre la vida. “El camino de la vida”… “La vida es un camino que hay que recorrer” …  

Al verlo, en seguida me vino a la mente un proverbio que encontramos en la Biblia, precisamente en libro de los Proverbios 14:12: “Hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero que acaban por ser caminos de muerte”.

Este proverbio nos advierte que en la vida tomamos decisiones, caminos, que pensamos que son correctos y que nos llevarán a nuestro destino deseado, pero su final no es el que esperamos.

Acabo con un versículo que puede dar tranquilidad porque se nos dice hacia dónde nos lleva el camino y la garantía de que llegaremos acompañados al final del trayecto. Lo encontramos en el evangelio de Juan 14:6: “Jesús le dijo: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, nadie viene al Padre si no es por mí”.

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