• Santolea es un pueblo abandonado del municipio de Castellote, en la provincia de Teruel. Quedó deshabitado entre los años 1970 y 1972, con la excusa de la construcción del embalse que lleva su mismo nombre. El arqueólogo Javier Ibáñez escribió en el Diario de Teruel (18/02/2019): “Santolea fue sacrificado en nombre del progreso, y lo fue de una forma tan sistemática que bien se puede hablar de ensañamiento. Sus casas fueron demolidas en 1972, dos años después del abandono; pero no para inundar su emplazamiento (ya que se encuentran 10 metros por encima de la cota del pantano), sino para evitar que sus antiguos vecinos retornasen al pueblo de sus antepasados”.

    El tiempo y el abandono han seguido deteriorando el terreno y corroyendo las viviendas. Aún hoy quedan unas pocas en pie, pero en su interior solo hay escombros y polvo. Aquello que había sido construido para ser próspero y albergar la vida ahora está derruido, vacío, muerto.

    Miguel, santoleano y amigo, me invita a recorrer el pueblo y me va explicando su historia. Cada ruina cuenta un fragmento: aquí su casa –solo queda un pedazo de pared; la iglesia, el colmado; el colegio de dos plantas, aún hoy se ven sus paredes pintadas de azul. Encontramos un par de edificios más estables, decidimos entrar. Al introducirnos en una de sus habitaciones aparece esta imagen. No dudo ni un momento en coger mi Nikon D7200, y con un 18mm, una apertura de f/8.0, el ISO 3200, un poco alto, selecciono 1/50 de velocidad, y ¡clic! ¡Foto hecha!

    Para mi tiene un mensaje brutal. El interior abandonado, devastado, contrasta con el exterior, silvestre, frondoso, casi selvático. Al contemplarlo, en seguida me viene a la mente cómo es el interior del ser humano cuando está lejos de Dios.

    Me refiero a ese vacío interno. Lo que uno piensa, cómo se encuentra, qué sentimientos alberga en el espacio más íntimo de su ser. No es fácil buscar las palabras para definirlo, pero sería algo así como esa sensación de que falta algo incluso cuando tienes de todo y todo va bien. Es ese no encontrar sentido a la vida, la ausencia de propósito, tantas necesidades del espíritu no satisfechas. El éxito, el dinero, la actividad en el gimnasio, los viajes… resultan una búsqueda infructuosa. El vacío interior no se llena desde este exterior.terior no se llena por cosas externas.

    En el libro de Apocalipsis 3:20 podemos leer: “Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él y él conmigo.”

    ¿Esto qué significa? Que tenemos dos opciones: abrir esa puerta o dejarla cerrada. Si la abrimos y dejamos entrar a Jesús, el Señor, a nuestro lugar más íntimo, ese vacío interior se llenará de paz, de alegría y de sentido. Si le dejamos entrar, quedará restaurada nuestra relación con Dios, que era la idea en el diseño de cuando fuimos creados. El cambio será transitar desde la insatisfacción profunda a la esperanza viva.

  • Esta foto fue tomada en Colliure, un pueblo costero de Francia, muy cerca de la frontera con España, pequeño, muy pintoresco y acogedor. En su cementerio descansan los restos de Antonio Machado, poeta perteneciente a la llamada generación del 98, exiliado tras el golpe de estado de julio del 1936 perpetrado por el general Franco.

    La foto está realizada con una Nikon D60. Apertura F 8.0. Distancia focal 200 mm. Velocidad 1/4000 y un ISO 400. Puse una velocidad alta para conseguir resaltar las siluetas. Estuve un buen rato esperando para poder coger este momento.

    El contraste entre el azul del cielo y la oscuridad del resto de la imagen nos invita a considerar los opuestos, el conflicto, los contrarios, la diferencia. El cuadro me pareció muy significativo no solo por la luz y la sombra sino también por los elementos recogidos: la iglesia, la cruz y el ser humano.

    Me llama la atención el hecho de que la cruz se encuentra en el exterior de la iglesia, cuando lo habitual es encontrarla en su interior. Me gusta que esté fuera. Cristo no está encerrado en las iglesias y los templos. No podemos buscar a Dios a través de las instituciones, pues posiblemente veremos un Dios deformado, defectuoso, mediatizado por el filtro que estemos utilizando. Como vimos en la primera entrada de este blog, a Dios solo se le puede buscar a través del sacrificio de Jesucristo. Por eso me gusta esta foto: vemos a las personas junto a la cruz.

    Si queremos acercarnos a Dios debemos hacerlo a los pies de la cruz. Hay situaciones en nuestra vida que nos pesan, conflictos, tensiones… prejuicios también, que no nos dejan decidir correctamente. Algunos ven la iglesia como el medio de salvación, pero ahí encontraremos personas como nosotros, pecadoras, imperfectas, con defectos. Charles Spurgeon, un predicador cristiano del siglo XIX, dijo: “Si buscas una iglesia perfecta y tú no lo eres, en el momento en que entres dejará de ser perfecta”.

    Estar al lado de la cruz es el lugar correcto. En el Evangelio según San Juan 3;16 dice: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna»

  • Una tarde cualquiera de un día cualquiera, sentado en la escalinata de la plaza de España en la ciudad de Barcelona, contemplando la vida de la ciudad. Gente de un lado a otro, vehículos de arriba abajo, sonidos en estéreo. Como decía el locutor de radio Luis Arribas Castro: “¡La ciudad es un millón de cosas!” (esto para los boomers).

    Pues ahí, sentado, con mi Olympus E-M10 Mark III en las manos. Observo para intentar captar esos momentos únicos que hacen que la fotografía sea algo más que una imagen, que vaya acompañada de un mensaje. Juego con el botón de la velocidad, intentando que salga bien un buen panning, ese estilo de fotografía que consiste en seguir el movimiento de un sujeto que se vea nítido y el fondo desenfocado. Dejo también, simplemente, la cámara fija con una velocidad lenta, haciendo que el fondo quede enfocado y lo que se mueve quede desenfocado.

    De repente miro y veo este cuadro. Una chica con un niño, quietos, observando, disfrutando del momento, compartiendo unos instantes. ¡Ostras! En medio del caos hay espacio para la quietud y la calma, para reflexionar y disfrutar.

    He querido darle fuerza a la imagen sustituyendo el color por el blanco y negro, para no distraernos. No quiero alejarme de lo que realmente me llama la atención. Ajusto a una velocidad de disparo baja –en este caso 1/13s–, ya que al ser una cámara mirrorless favorece poder hacerlo sin trípode.

    En la Biblia, en el libro de los Salmos, hay una palabra que aparece 71 veces, y es ésta: Selah. Los salmos son cánticos del pueblo hebreo que recogen alabanzas y adoración a Dios. Y ahí, en medio de algunos de esos salmos, aparece la palabra selah. Eso significaba que había que parar, hacer una pausa, meditar. Sí, en medio de un poema donde se expresa el sentimiento íntimo, de alegría, de dolor, de gratitud, de confusión, de necesidad de amparo y refugio… encontramos, en ocasiones, un selah, una llamada a hacer una pausa.

    Hoy, más que nunca, es necesario hacer un alto en medio del ajetreo, del estrés. Interrumpir lo que estemos haciendo, darnos un respiro sobre lo que nos abruma, detenernos un instante y permitirnos reflexionar. Esta semana es un tiempo adecuado para hacerlo. Te animo a que tú también quieras hacerlo.

    Leemos en el libro de los Salmos (68:19): “¡Bendito sea el Señor! ¡Cada día nos colma de beneficios el Dios de nuestra salvación! Selah.”

  • Empezamos con esta imagen que podemos encontrar en las plataformas Unsplash y Pixabay. De mis fotografías en estas webs, es la que más me han visualizado y descargado. Es muy utilizada a nivel empresarial por su estructura y color.

    Está realizada en Barcelona en el edificio del Museu Blau, que está ubicado en el parque del Fòrum. No se ve a simple vista, sino que hay descubrirlo o encontrarlo, si sabes que está. El día soleado y sin nubes favorece una visión más limpia y nítida.

    Una foto sencilla, donde predominan las líneas y el color. Las líneas nos pueden sugerir límites, separación, y también nos pueden hacer de guía. El azul nos transmite tranquilidad y confianza. Es el color del cielo y nos puede llegar a sugerir cierto aire espiritual.

    Es una imagen, que me recuerda la clásica escena de los espejos que aparece en varias películas. Una realidad, y el resto solo son reflejos de ella. Los espejos y cristales juegan a despistar sobre cuál es la imagen real, haciendo que uno llegue a desorientarse.

    Hoy en día pueden haber muchas filosofías, muchas creencias, incluso tendencias, pero solo hay un Dios. En la foto tenemos una única salida hacia el cielo, el resto no es más que reflejo, más o menos atractivo, de la realidad.

    Me viene a la mente un texto de la Biblia: «Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.» Primera carta de Pablo a Timoteo, 2:5.


  • Foto realizada en el parque natural de Urkiola, muy cerca de Durango, en uno de los muchos senderos que podemos encontrar allí.

    Dejamos el coche en el aparcamiento del puerto, y comenzamos la ascensión. Dejando atrás el santuario de Urkiola, dedicado a los santos Antonios (Abad el uno, de Padua el otro) seguimos subiendo hasta llegar finalmente al Urkiolagirre, la cima.

    La ascensión presenta un desnivel de unos 300 metros y una pendiente de entre el 20% y el 30%. El aparcamiento se encuentra a 700 metros de altitud, y llegamos al Urkiolagirre, con sus 1008 metros de altura.

    Durante el recorrido nos topamos con caballos y vacas que nos observaban, e incluso nos acompañaron en algunos tramos de la excursión. Al llegar arriba pudimos contemplar una panorámica fantástica. Disfrutar de esa vista es una buena recompensa del esfuerzo realizado.

    La montaña es uno de esos lugares fascinantes que atrae a muchas personas: a los que les gusta el senderismo, el montañismo, el alpinismo, o simplemente a quienes, sin mayores pretensiones, les gusta acercarse para poder respirar aire puro, estar cerca de la naturaleza o dar un paseo.

    La distancia focal de 140mm de esta fotografía permite apreciar la profundidad del paisaje. Para mí es importante poner un objeto que dé referencia al resto de la imagen, especialmente cuando estás en medio de una naturaleza de proporciones inmensas. De no hacerlo así veríamos una foto más plana, sin captar la verdadera magnitud.

    La persona que con paso firme hacía un momento había pasado por nuestro lado, se va empequeñeciendo a medida que se va acercando a la grandeza de la montaña que aparece delante con toda su enormidad.

    Las montañas y los montes en la Biblia han sido un lugar para acercarse a Dios. En el Antiguo Testamento eran el punto donde se construían altares para adorar a Dios. En el Nuevo Testamento, en los evangelios, nos aparecen el del llamado sermón del monte, el monte de la transfiguración, el monte de los olivos…

    Pero para estar más cerca de Dios no hace falta subir al monte. En vez de conquistar la cumbre, basta con postrarse de rodillas, en el suelo, elevando simplemente una oración sincera.

    No se trata de hacer grandes proezas, ni de conquistar o vencer, ni de ser autosuficientes o independientes. De hecho, cuanto más te acercas a la montaña te das cuenta de tu pequeñez, de tus limitaciones. Cuando te vas acercando a Dios ocurre algo parecido: tu figura, tu concepto de ti mismo, va disminuyendo, va empequeñeciendo, y eres más consciente de qué eres.

    Quizá te verás impulsado a clamar como el rey David en el segundo libro de Samuel (7:18): «Luego el rey David se presentó ante el Señor y dijo: «Señor y Dios, ¿quién soy yo y qué es mi familia para que me hayas hecho llegar tan lejos?»