• En el año 2010, en la ciudad de Tudela (Navarra), se dio inicio al Avant Garde Tudela, una Muestra Internacional de Muralismo Contemporáneo que transformó las fachadas y muros de la ciudad ‘en auténticos lienzos al aire libre’. Esta iniciativa tuvo su continuidad en ediciones posteriores con el nombre de Futura Tudela que, con acciones artísticas y experiencias urbanas originales y transformadoras, convirtieron la ciudad en un lugar más agradable y colorido, siempre manteniendo su esencia como ciudad.

    Así que, además de disfrutar de la oferta gastronómica, en Tudela es muy recomendable hacer esta ruta de arte urbano, donde por el casco antiguo se pueden encontrar un total de 20 murales, con una gran diversidad de estilos, desde el hiperrealismo y surrealismo pop hasta el abstracto y neopop.

    Saliendo de la Plaza de los Fueros por la calle Doña María de Ugarte, nos encontramos con este mural, toda una fachada pintada con grandes flores, dando color y encanto a un pasadizo sombrío. Al ver esta imagen puse mi cámara en posición y ¡clic! ¡Foto hecha! 

    Utilicé una distancia focal de 50mm y, a pesar de la poca luz, usé un ISO100. Y para tener una velocidad adecuada, puse 1/100 y ƒ/4.8 de apertura. Sin perder la totalidad del mural, mi interés se centró en la ventana.

    No se trataba tanto recoger toda la pared, sino que intenté que la ventana fuera la protagonista de la foto. Las flores adquieren un lugar preferente, pero precisamente por esta razón me atrajo más la ventana, ahí, a un lado, discreta. Un tanto alejada, como si quisiera esconderse de algo. Creo que es fortuito el poder contemplar este contraste de una ventana con rejas en medio de grandes flores.

    Esta composición me hace pensar que se ha caído en las redes de la imagen ideal, perfecta, haciéndonos un poco esclavos de ella. Se refleja un exterior de frescura, alegría y colorido, pero, a la vez, esa ventana con rejas no deja ver la realidad del interior.

    Actualmente podemos encontrar dos tendencias: una, la que se conoce como el síndrome del Instagram, el parecer feliz, exitoso y atractivo, y luego, la segunda, la vida performativa, es decir, vivir y tener experiencias no tanto para disfrutarlas como para que sean vistas por los demás.

    Esto me hace reflexionar en lo que realmente mira Dios en nosotros, y me viene a la mente el texto en 1ª Pedro 3:4 (NVI): “Que vuestra belleza no sea la externa, que consiste en adornos tales como peinados ostentosos, joyas de oro y vestidos lujosos. Más bien, que vuestra belleza sea la incorruptible, la que procede de lo íntimo del corazón y consiste en un espíritu humilde y apacible. Esta sí que tiene mucho valor delante de Dios.

    Para Dios tienes valor, mucho valor.

  • En algunos destinos turísticos se ha añadido, en su publicidad, que ‘desde aquí podrás contemplar la mejor puesta de sol’.

    Y es que uno se queda hipnotizado viendo como el sol va desapareciendo, a la vez que los colores anaranjados van surgiendo con más fuerza y, si es en el mar, va dejando ese reflejo que tiñe el agua… la vez que se puede escuchar el rumor de las olas.

    Observar el atardecer no es solo mirar, hay algo más. Es un momento de contemplación y quietud, donde las emociones y los sentimientos afloran. Se crea un ambiente de paz y tranquilidad. Son esos instantes perfectos para la reflexión.

    Esta fotografía está tomada en la isla griega de Mikonos, y refleja todos estos aspectos. No es la típica foto del velero con la columna del sol reflejada en el mar. La imagen de estas dos figuras observando la última luz del día no me dejó indiferente. Puse mi cámara en posición y ¡clic! ¡Foto hecha!

    Capturar una foto teniendo el sol de cara es complicado, ya que se concentra mucha luz en un solo punto, por lo que debe realizarse utilizando una velocidad alta, un ISO bajo y una apertura cerrada. Por la tarde, viendo que el sol va perdiendo fuerza, se pueden modificar estos valores, pero siempre pensando que hay una pequeña zona donde se concentra mucha luz.

    En esta foto se ha utilizado una distancia focal de 80mm. Con ello se consigue delimitar los objetos deseados y también se regula la cantidad de luz que entra sin tocar aún la apertura. Al ser una foto al sol es mejor poner la sensibilidad baja, ISO 100 pensando en ese punto de luz, la apertura f 5,6, y una velocidad que permita captar bien la imagen, sin que se queme, 1/500 es suficiente.

    Un hermoso atardecer, que ocurre todos los días y crea esta belleza y armonía en la naturaleza, no puede salir de la nada, de un chispazo o explosión. Todo ese orden y colorido no es producto de la casualidad.

    En Romanos 1:19-20 (NVI), dice: “… lo que se puede conocer acerca de Dios es evidente para ellos, pues él mismo se lo ha revelado. Porque desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó, de modo que nadie tiene excusa”

    Lo que significa esta cita es que una de las formas en que Dios se da a conocer es por medio de la creación, de su creación. En esta ocasión, en un atardecer, donde al contemplarlo desde un lugar escogido, nos quedamos sin palabras para poderlo definir. Ahora, en la paz y tranquilidad, observando… reflexionemos.

    Todo esto no puede surgir de la nada, ni es por casualidad, es una señal de que hay un creador, de que hay un Dios. La naturaleza misma y nuestra propia mente pensante nos dan la pista a seguir.

  • De nuevo nos encontramos en Santolea, pero esta vez dejamos el pueblo y nos acercamos al embalse. Andamos por el dique hasta la mitad de su recorrido y, desde ahí, observamos toda la extensión del pantano.

    Inicialmente fue construido para refrigerar la central termoeléctrica de Andorra, localidad cercana, nada que ver con el país vecino. Con una capacidad de 81,75 hm3, también regula el incremento del río Guadalope para el riego y abastecimiento de los campos.

    El nivel del agua es bastante bajo debido a la falta de precipitaciones, y esto nos permite ver lo que se encontraba antes de su construcción, como carreteras, pequeñas viviendas, árboles. Ver una de esas carreteras me llama la atención.

    No tardé ni un minuto en pensar que esa imagen debía de acabar en fotografía. Eran las cuatro de la tarde a finales de julio, y el sol pegaba fuerte. En el mundo de la fotografía a este escenario se le denomina luz dura, y tiene una característica a tener en cuenta: la transición entre lo iluminado y las sombras es muy brusca y con mucho contraste, y desaparecen los tonos intermedios.

    Pensando en eso ajusté la cámara a una sensibilidad ISO 100, para no quemar la foto, con apertura f/8.0, utilizando una distancia focal de 90.0 mm y 1/125 de velocidad. Quemar la foto es cuando hay una sobreexposición de luz, creando una imagen con exceso de claridad y descolorida.

    Es una foto bastante sencilla pero, para mí, la fuerza de esta imagen no es tanto su composición o su colorido, sino el mensaje que comunica: una carretera que no lleva a ningún sitio. La figura del camino se suele utilizar como una metáfora sobre la vida. “El camino de la vida”… “La vida es un camino que hay que recorrer” …  

    Al verlo, en seguida me vino a la mente un proverbio que encontramos en la Biblia, precisamente en libro de los Proverbios 14:12: “Hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero que acaban por ser caminos de muerte”.

    Este proverbio nos advierte que en la vida tomamos decisiones, caminos, que pensamos que son correctos y que nos llevarán a nuestro destino deseado, pero su final no es el que esperamos.

    Acabo con un versículo que puede dar tranquilidad porque se nos dice hacia dónde nos lleva el camino y la garantía de que llegaremos acompañados al final del trayecto. Lo encontramos en el evangelio de Juan 14:6: “Jesús le dijo: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, nadie viene al Padre si no es por mí”.

  • Carcassona es una ciudad fortificada de Francia, capital del departamento del Aude, en la región de Occitania. La muralla, que rodea toda la Cité, se ve ya desde la carretera. A medida que te acercas te vas dando cuenta de las verdaderas dimensiones que tiene. Sencillamente es espectacular. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1997.

    Sus orígenes datan del 800 a.C. con un asentamiento galo. La ciudadela fortificada actual comenzó a tomar forma con los romanos en el siglo III d.C., y se fue consolidando durante la Edad Media (siglos XI-XII), siendo restaurada en el siglo XIX.

    En tiempos medievales las ciudades tenían un elemento fundamental para su seguridad: las murallas, que permitían constituirse en una verdadera fortaleza. Carcassona tiene una doble muralla concéntrica de unos 3 km. de longitud, y más de 50 torres. La altura de las murallas es de unos 10 metros, y su grosor de entre 2 y 4 metros. Toda una fortaleza, situada en una colina. Dentro de ella, sus habitantes podían estar seguros frente a los posibles ataques de otros pueblos.

    He tenido oportunidad de visitar la ciudad en diversas ocasiones, y he tomado muchas fotografías a la fortaleza –a la muralla, a las torres, al foso, a las puertas– en horas diferentes y desde ángulos distintos. Esta foto la realicé en la hora dorada, al atardecer, cuando los rayos del sol van disminuyendo su intensidad y dejan esta armonía de colores. Fue con la D7200 de Nikon, utilizando un 38.0mm y una apertura ƒ/7.1 que es lo que le da este punto de nitidez adecuado para no perder detalle, y un ISO 250 y 1/60 de velocidad. Concedo que se podría haber aumentado la velocidad subiendo un poco el ISO.

    Cuando se hace referencia a una fortaleza, se nos vienen a la mente estos castillos y ciudades amuralladas. Pero también, cuando hablamos de fortaleza, puede ser para referirnos al valor, la capacidad o la virtud de una persona para poder confrontar, superar o mantenerse firme en las adversidades.

    En la Edad Media ponían su confianza en la fortaleza, hoy ponemos nuestra fortaleza en nuestra confianza. El “tú puedes”, “solo tienes que pensar que lo lograrás” y otras máximas por el estilo, nos pueden llevar a la frustración y a la desesperanza pensando que todo está en nuestras manos.

    Me viene a la mente el rey David, que fue conocido por pelear contra Goliat y vencerlo. Y, como rey, por combatir en mil y una batallas. Pues bien, en ningún momento se lo atribuyó a su capacidad, su estrategia o su valentía, no. Se lo atribuía a Dios. En Dios era donde se refugiaba, buscaba consejo y descansaba.

    Ahora es un buen momento para pensar en qué tenemos nuestra fortaleza y sobre quién depositamos nuestra confianza. Te dejo con un salmo del rey David en el que confiesa esa verdad.

    “El Señor es mi fortaleza y mi escudo; en él confió mi corazón y fui ayudado, por lo que se gozó mi corazón. Con mi cántico le alabaré.”  (Salmo 28:7)

  • Santolea es un pueblo abandonado del municipio de Castellote, en la provincia de Teruel. Quedó deshabitado entre los años 1970 y 1972, con la excusa de la construcción del embalse que lleva su mismo nombre. El arqueólogo Javier Ibáñez escribió en el Diario de Teruel (18/02/2019): “Santolea fue sacrificado en nombre del progreso, y lo fue de una forma tan sistemática que bien se puede hablar de ensañamiento. Sus casas fueron demolidas en 1972, dos años después del abandono; pero no para inundar su emplazamiento (ya que se encuentran 10 metros por encima de la cota del pantano), sino para evitar que sus antiguos vecinos retornasen al pueblo de sus antepasados”.

    El tiempo y el abandono han seguido deteriorando el terreno y corroyendo las viviendas. Aún hoy quedan unas pocas en pie, pero en su interior solo hay escombros y polvo. Aquello que había sido construido para ser próspero y albergar la vida ahora está derruido, vacío, muerto.

    Miguel, santoleano y amigo, me invita a recorrer el pueblo y me va explicando su historia. Cada ruina cuenta un fragmento: aquí su casa –solo queda un pedazo de pared; la iglesia, el colmado; el colegio de dos plantas, aún hoy se ven sus paredes pintadas de azul. Encontramos un par de edificios más estables, decidimos entrar. Al introducirnos en una de sus habitaciones aparece esta imagen. No dudo ni un momento en coger mi Nikon D7200, y con un 18mm, una apertura de f/8.0, el ISO 3200, un poco alto, selecciono 1/50 de velocidad, y ¡clic! ¡Foto hecha!

    Para mi tiene un mensaje brutal. El interior abandonado, devastado, contrasta con el exterior, silvestre, frondoso, casi selvático. Al contemplarlo, en seguida me viene a la mente cómo es el interior del ser humano cuando está lejos de Dios.

    Me refiero a ese vacío interno. Lo que uno piensa, cómo se encuentra, qué sentimientos alberga en el espacio más íntimo de su ser. No es fácil buscar las palabras para definirlo, pero sería algo así como esa sensación de que falta algo incluso cuando tienes de todo y todo va bien. Es ese no encontrar sentido a la vida, la ausencia de propósito, tantas necesidades del espíritu no satisfechas. El éxito, el dinero, la actividad en el gimnasio, los viajes… resultan una búsqueda infructuosa. El vacío interior no se llena desde este exterior.terior no se llena por cosas externas.

    En el libro de Apocalipsis 3:20 podemos leer: “Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él y él conmigo.”

    ¿Esto qué significa? Que tenemos dos opciones: abrir esa puerta o dejarla cerrada. Si la abrimos y dejamos entrar a Jesús, el Señor, a nuestro lugar más íntimo, ese vacío interior se llenará de paz, de alegría y de sentido. Si le dejamos entrar, quedará restaurada nuestra relación con Dios, que era la idea en el diseño de cuando fuimos creados. El cambio será transitar desde la insatisfacción profunda a la esperanza viva.

  • Esta foto fue tomada en Colliure, un pueblo costero de Francia, muy cerca de la frontera con España, pequeño, muy pintoresco y acogedor. En su cementerio descansan los restos de Antonio Machado, poeta perteneciente a la llamada generación del 98, exiliado tras el golpe de estado de julio del 1936 perpetrado por el general Franco.

    La foto está realizada con una Nikon D60. Apertura F 8.0. Distancia focal 200 mm. Velocidad 1/4000 y un ISO 400. Puse una velocidad alta para conseguir resaltar las siluetas. Estuve un buen rato esperando para poder coger este momento.

    El contraste entre el azul del cielo y la oscuridad del resto de la imagen nos invita a considerar los opuestos, el conflicto, los contrarios, la diferencia. El cuadro me pareció muy significativo no solo por la luz y la sombra sino también por los elementos recogidos: la iglesia, la cruz y el ser humano.

    Me llama la atención el hecho de que la cruz se encuentra en el exterior de la iglesia, cuando lo habitual es encontrarla en su interior. Me gusta que esté fuera. Cristo no está encerrado en las iglesias y los templos. No podemos buscar a Dios a través de las instituciones, pues posiblemente veremos un Dios deformado, defectuoso, mediatizado por el filtro que estemos utilizando. Como vimos en la primera entrada de este blog, a Dios solo se le puede buscar a través del sacrificio de Jesucristo. Por eso me gusta esta foto: vemos a las personas junto a la cruz.

    Si queremos acercarnos a Dios debemos hacerlo a los pies de la cruz. Hay situaciones en nuestra vida que nos pesan, conflictos, tensiones… prejuicios también, que no nos dejan decidir correctamente. Algunos ven la iglesia como el medio de salvación, pero ahí encontraremos personas como nosotros, pecadoras, imperfectas, con defectos. Charles Spurgeon, un predicador cristiano del siglo XIX, dijo: “Si buscas una iglesia perfecta y tú no lo eres, en el momento en que entres dejará de ser perfecta”.

    Estar al lado de la cruz es el lugar correcto. En el Evangelio según San Juan 3;16 dice: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna»

  • Una tarde cualquiera de un día cualquiera, sentado en la escalinata de la plaza de España en la ciudad de Barcelona, contemplando la vida de la ciudad. Gente de un lado a otro, vehículos de arriba abajo, sonidos en estéreo. Como decía el locutor de radio Luis Arribas Castro: “¡La ciudad es un millón de cosas!” (esto para los boomers).

    Pues ahí, sentado, con mi Olympus E-M10 Mark III en las manos. Observo para intentar captar esos momentos únicos que hacen que la fotografía sea algo más que una imagen, que vaya acompañada de un mensaje. Juego con el botón de la velocidad, intentando que salga bien un buen panning, ese estilo de fotografía que consiste en seguir el movimiento de un sujeto que se vea nítido y el fondo desenfocado. Dejo también, simplemente, la cámara fija con una velocidad lenta, haciendo que el fondo quede enfocado y lo que se mueve quede desenfocado.

    De repente miro y veo este cuadro. Una chica con un niño, quietos, observando, disfrutando del momento, compartiendo unos instantes. ¡Ostras! En medio del caos hay espacio para la quietud y la calma, para reflexionar y disfrutar.

    He querido darle fuerza a la imagen sustituyendo el color por el blanco y negro, para no distraernos. No quiero alejarme de lo que realmente me llama la atención. Ajusto a una velocidad de disparo baja –en este caso 1/13s–, ya que al ser una cámara mirrorless favorece poder hacerlo sin trípode.

    En la Biblia, en el libro de los Salmos, hay una palabra que aparece 71 veces, y es ésta: Selah. Los salmos son cánticos del pueblo hebreo que recogen alabanzas y adoración a Dios. Y ahí, en medio de algunos de esos salmos, aparece la palabra selah. Eso significaba que había que parar, hacer una pausa, meditar. Sí, en medio de un poema donde se expresa el sentimiento íntimo, de alegría, de dolor, de gratitud, de confusión, de necesidad de amparo y refugio… encontramos, en ocasiones, un selah, una llamada a hacer una pausa.

    Hoy, más que nunca, es necesario hacer un alto en medio del ajetreo, del estrés. Interrumpir lo que estemos haciendo, darnos un respiro sobre lo que nos abruma, detenernos un instante y permitirnos reflexionar. Esta semana es un tiempo adecuado para hacerlo. Te animo a que tú también quieras hacerlo.

    Leemos en el libro de los Salmos (68:19): “¡Bendito sea el Señor! ¡Cada día nos colma de beneficios el Dios de nuestra salvación! Selah.”

  • Empezamos con esta imagen que podemos encontrar en las plataformas Unsplash y Pixabay. De mis fotografías en estas webs, es la que más me han visualizado y descargado. Es muy utilizada a nivel empresarial por su estructura y color.

    Está realizada en Barcelona en el edificio del Museu Blau, que está ubicado en el parque del Fòrum. No se ve a simple vista, sino que hay descubrirlo o encontrarlo, si sabes que está. El día soleado y sin nubes favorece una visión más limpia y nítida.

    Una foto sencilla, donde predominan las líneas y el color. Las líneas nos pueden sugerir límites, separación, y también nos pueden hacer de guía. El azul nos transmite tranquilidad y confianza. Es el color del cielo y nos puede llegar a sugerir cierto aire espiritual.

    Es una imagen, que me recuerda la clásica escena de los espejos que aparece en varias películas. Una realidad, y el resto solo son reflejos de ella. Los espejos y cristales juegan a despistar sobre cuál es la imagen real, haciendo que uno llegue a desorientarse.

    Hoy en día pueden haber muchas filosofías, muchas creencias, incluso tendencias, pero solo hay un Dios. En la foto tenemos una única salida hacia el cielo, el resto no es más que reflejo, más o menos atractivo, de la realidad.

    Me viene a la mente un texto de la Biblia: «Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.» Primera carta de Pablo a Timoteo, 2:5.


  • Foto realizada en el parque natural de Urkiola, muy cerca de Durango, en uno de los muchos senderos que podemos encontrar allí.

    Dejamos el coche en el aparcamiento del puerto, y comenzamos la ascensión. Dejando atrás el santuario de Urkiola, dedicado a los santos Antonios (Abad el uno, de Padua el otro) seguimos subiendo hasta llegar finalmente al Urkiolagirre, la cima.

    La ascensión presenta un desnivel de unos 300 metros y una pendiente de entre el 20% y el 30%. El aparcamiento se encuentra a 700 metros de altitud, y llegamos al Urkiolagirre, con sus 1008 metros de altura.

    Durante el recorrido nos topamos con caballos y vacas que nos observaban, e incluso nos acompañaron en algunos tramos de la excursión. Al llegar arriba pudimos contemplar una panorámica fantástica. Disfrutar de esa vista es una buena recompensa del esfuerzo realizado.

    La montaña es uno de esos lugares fascinantes que atrae a muchas personas: a los que les gusta el senderismo, el montañismo, el alpinismo, o simplemente a quienes, sin mayores pretensiones, les gusta acercarse para poder respirar aire puro, estar cerca de la naturaleza o dar un paseo.

    La distancia focal de 140mm de esta fotografía permite apreciar la profundidad del paisaje. Para mí es importante poner un objeto que dé referencia al resto de la imagen, especialmente cuando estás en medio de una naturaleza de proporciones inmensas. De no hacerlo así veríamos una foto más plana, sin captar la verdadera magnitud.

    La persona que con paso firme hacía un momento había pasado por nuestro lado, se va empequeñeciendo a medida que se va acercando a la grandeza de la montaña que aparece delante con toda su enormidad.

    Las montañas y los montes en la Biblia han sido un lugar para acercarse a Dios. En el Antiguo Testamento eran el punto donde se construían altares para adorar a Dios. En el Nuevo Testamento, en los evangelios, nos aparecen el del llamado sermón del monte, el monte de la transfiguración, el monte de los olivos…

    Pero para estar más cerca de Dios no hace falta subir al monte. En vez de conquistar la cumbre, basta con postrarse de rodillas, en el suelo, elevando simplemente una oración sincera.

    No se trata de hacer grandes proezas, ni de conquistar o vencer, ni de ser autosuficientes o independientes. De hecho, cuanto más te acercas a la montaña te das cuenta de tu pequeñez, de tus limitaciones. Cuando te vas acercando a Dios ocurre algo parecido: tu figura, tu concepto de ti mismo, va disminuyendo, va empequeñeciendo, y eres más consciente de qué eres.

    Quizá te verás impulsado a clamar como el rey David en el segundo libro de Samuel (7:18): «Luego el rey David se presentó ante el Señor y dijo: «Señor y Dios, ¿quién soy yo y qué es mi familia para que me hayas hecho llegar tan lejos?»