El CosmoCaixa está ubicado en lo que originariamente fue un asilo para ciegos. Construido entre 1904 y 1909 por Josep Domènech i Estapà, funcionó como tal hasta 1979. En 1981 se inauguró como Museu de la Ciència después de una renovación y ampliación de las instalaciones, conservando la fachada original. Fue el primer museo con una dinámica diferente a otros museos de la ciencia de otros de países, por “la forma activa con que ha sido planteado, yendo más allá de la simple exhibición de objetos y máquinas diversas” (palabras del Dr. Daniloff, director del Museo de Ciencia de Chicago). Después de una nueva remodelación de las instalaciones, en 2004 se inauguró como CosmoCaixa, el museo de la ciencia de Barcelona, perteneciendo a la Fundación “La Caixa”.

El CosmoCaixa cuenta con una gran pasarela en espiral que, al entrar, hace descender a los visitantes desde un quinto piso hasta donde realmente empieza la visita. Luego, curiosamente, el recorrido va ascendiendo por los diferentes niveles y salas, con toda clase de exposiciones y espacios interactivos hasta la salida/entrada.

Me llevé la Olympus E-M10MarkIV, una cámara pequeña, ligera y con muchas prestaciones. Así que, cuando entré y vi esta imagen, puse mi cámara en posición, esperé el momento oportuno, y ¡clic! ¡Foto hecha!

Una foto sencilla, simple, con la intención de mostrar el gran tamaño de la estructura y lo diminutas que parecen las personas bajando por la pasarela.

No hay complicación, tampoco, en ajustar los parámetros. La cámara responde bien en estas circunstancias. Con un angular de 14mm, una apertura de ƒ/4.5, una velocidad de 1/200s para congelar el movimiento, y un 500 ISO, para favorecer que entre la luz y se vea una foto suave.

Esa imagen de ir hasta el fondo para empezar a subir me hizo recordar frases como “no se puede caer más bajo” o la de “tocar fondo”, expresiones que son utilizadas para referirse a ese punto límite donde te han llevado los problemas, las malas decisiones o las acciones de terceros. Cuando llegas ahí, solo te quedan dos opciones: quedarte o remontar. Ese fondo puede ser un punto de inflexión en la vida de cada uno para recapacitar y levantarse de nuevo.

En la Biblia no encontramos héroes. Lo que vemos son personas imperfectas, con sus debilidades, sus luchas. Algunas son figuras conocidas que han descendido hasta lo más hondo, pero que han sabido reconocer sus actos y situación, y han pedido ayuda para levantarse y empezar a ascender. Personajes como el rey David, el apóstol Pedro, el profeta Jonás o Elías.

Jesús recoge esta imagen del descenso hasta lo más hondo y lo explica en una parábola. Un hijo, teniendo todo en la vida, decide romper su relación con su familia, le pide la herencia a su padre y marcha lejos. Una vez que ya no le queda nada, porque ha malgastado todo el dinero de la herencia, su vida empieza a descender, y descender, y descender, hasta tocar fondo. Allí se da cuenta de su situación.

“Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.” (Lucas 15:18)

Qué importante es reconocer tu situación delante de Dios.

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