Una tarde cualquiera de un día cualquiera, sentado en la escalinata de la plaza de España en la ciudad de Barcelona, contemplando la vida de la ciudad. Gente de un lado a otro, vehículos de arriba abajo, sonidos en estéreo. Como decía el locutor de radio Luis Arribas Castro: “¡La ciudad es un millón de cosas!” (esto para los boomers).

Pues ahí, sentado, con mi Olympus E-M10 Mark III en las manos. Observo para intentar captar esos momentos únicos que hacen que la fotografía sea algo más que una imagen, que vaya acompañada de un mensaje. Juego con el botón de la velocidad, intentando que salga bien un buen panning, ese estilo de fotografía que consiste en seguir el movimiento de un sujeto que se vea nítido y el fondo desenfocado. Dejo también, simplemente, la cámara fija con una velocidad lenta, haciendo que el fondo quede enfocado y lo que se mueve quede desenfocado.

De repente miro y veo este cuadro. Una chica con un niño, quietos, observando, disfrutando del momento, compartiendo unos instantes. ¡Ostras! En medio del caos hay espacio para la quietud y la calma, para reflexionar y disfrutar.

He querido darle fuerza a la imagen sustituyendo el color por el blanco y negro, para no distraernos. No quiero alejarme de lo que realmente me llama la atención. Ajusto a una velocidad de disparo baja –en este caso 1/13s–, ya que al ser una cámara mirrorless favorece poder hacerlo sin trípode.

En la Biblia, en el libro de los Salmos, hay una palabra que aparece 71 veces, y es ésta: Selah. Los salmos son cánticos del pueblo hebreo que recogen alabanzas y adoración a Dios. Y ahí, en medio de algunos de esos salmos, aparece la palabra selah. Eso significaba que había que parar, hacer una pausa, meditar. Sí, en medio de un poema donde se expresa el sentimiento íntimo, de alegría, de dolor, de gratitud, de confusión, de necesidad de amparo y refugio… encontramos, en ocasiones, un selah, una llamada a hacer una pausa.

Hoy, más que nunca, es necesario hacer un alto en medio del ajetreo, del estrés. Interrumpir lo que estemos haciendo, darnos un respiro sobre lo que nos abruma, detenernos un instante y permitirnos reflexionar. Esta semana es un tiempo adecuado para hacerlo. Te animo a que tú también quieras hacerlo.

Leemos en el libro de los Salmos (68:19): “¡Bendito sea el Señor! ¡Cada día nos colma de beneficios el Dios de nuestra salvación! Selah.”

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